sábado, 3 de marzo de 2012

PSICOLOGÍA DEL INSULTO

Cabrón, puta, imbécil, ladrón,  mierda, cerdo, maricón, gilipollas, tonto, majareta…
El insulto es casi siempre una vulneración de la escala de valores del receptor. Es decir, se considera que nos insultan cuando nos acusan de estar comportándonos al margen de lo que se considera adecuado, al margen de la moral de un determinado grupo. Lo que tiene una cierta patente de autenticidad en su momento. Por ejemplo, decir a alguien que era un cabrón (es decir, que su mujer le ponía los cuernos) en los siglos XVII, XVIII, XIX… podía ser tomado como auténtico insulto por la semántica de la expresión y lo que conllevaba. Gritarle a un tipo ¡maricón! podía ser un insulto hasta hace unos años según esos parámetros. Lo curioso, es que lo sigue siendo. Si le dices ¡gay! ya no es un insulto. Puta, por ejemplo, es la mujer que se gana la vida, honradamente y dando la cara, haciendo lo mismo que otras hacen con disimulo y mucha más rentabilidad. Puta, en estos tiempos, según lo expuesto más arriba, no debería ser insulto. Y lo es.
¿Cuál es, entonces, la esencia del insulto? ¿El contenido de la frase? No. La actitud del emisor. Lo que Jakobson llama Función Expresiva.
Pero concurren otros elementos en la configuración del insulto que no podemos dejar aparte. Se trata del contexto. Contexto extralingüístico, claro. Por ejemplo, si uno de izquierdas llama a otro de derechas “fascista” eso es un insulto, aún a sabiendas de que el que lo recibe lo es. Si uno de derechas le endilga a uno de izquierdas “rojo, comunista”, eso, en determinados ambientes, es insultar, aunque el destinatario del piropo sea el gemelo de Trotsky.
La psicología del insulto, por lo tanto, radica en la actitud del insultador. Tú puedes decirle a un amigo “¡Ay, cabrón, pero qué gracia tienes!”. Y eso no es un insulto, aunque figure la palabra cabrón por medio.
Así que si queréis insultar a alguien con lo que es la esencia del insulto, poned la cara tensa, miradlo fíjamente a los ojos. Tiraos un pedo si en ese momento os sale, daos la vuelta y largaros.
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