miércoles, 19 de octubre de 2011

La ceremonia de la confusión

Tomad una hoja de papel y haced en ella un dibujo de línea. Con un bolígrafo, por ejemplo. No es necesario que sea una obra de arte. Algo sencillo: un perro, una casa, un rostro… Lo que queráis. Elijamos la casa, que puede ser lo más sencillo.  Enseñadlo luego a quien  sea y preguntadle qué representa aquello. Y os responderá con toda probabilidad que representa una casa.


Bien. Tomad ese mismo dibujo y con el mismo bolígrafo añadidle más líneas al azar partiendo de alguna de las ya existentes. Rodead con esa línea el dibujo original e invadidlo con ella complicándola en volutas, espirales, curvas , quebradas y onduladas, uniendo unos puntos con otros, unos vértices con otros, unas esquinas con otras.  Además, invertidlo. Preguntadle ahora a cualquier otra persona qué es lo que representa eso. Os dirá que no representa nada, una serie de líneas caóticas, una mezcolanza ininteligible y absurda. La casa sigue ahí. Pero se ve a duras penas.


Pues bien. Puesto este didáctico ejemplo, voy a mis preguntas que responderé yo mismo:
¿Quién gobierna hoy en el mundo? ¿Los representantes de los ciudadanos supuestamente elegidos en libres plebiscitos o, incluso, los dictadores en los casos de los totalitarismos? No. El mundo es dominado y gobernado hoy en día por el dinero. Es decir, por los banqueros, por los grandes financieros y los propietarios de las grandes empresas farmacéuticas, armamentísticas, etc.
¿Qué demuestra esto? Pues lo siguiente: Los supuestos gobernantes arbitran políticas que benefician a los dueños del mercado. En algunos casos, como en el de los países “socialistas” (tal España hasta ahora) eso es, siempre, una traición a su electorado y una demostración de que quienes realmente mandan no son los que el pueblo ha elegido sino los mercaderes.
Este fenómeno se da ya a nivel global casi. Las diferencias políticas entre países no son más que una cortina de humo. Se habla de un futuro gobierno mundial mientras que, de facto, ese gobierno mundial ya existe. Y va a hacer lo que le dé la gana con los ciudadanos del mundo.
Hasta aquí la casita dibujada, simple, clara y evidente.
Y ahora, por mano de los sicarios de los verdaderos mandamases, interviene el garabato confundidor: teorías de la conspiración, reptilianos, illuminatis, satanistas. También el Bohemian Club.  Y hasta las manitas cornudas sorprendidas en parlamentarios yankees, funerales illuminatis  e incluso en Benedicto XIII y Juan Pablo II, pueden formar parte del circo. En todo este gazpacho hay una mezcla de verdades y mentiras destinada a confundir y hacer pensar a la parte racional de la sociedad: todo esto del gobierno mundial es la invención de cuatro majaretas. Por si fuera poco, lo adoban con la historia apocalíptica del 2012. Y ya tenemos todo servido. Mientras, que asociaciones como el Club de Roma o el Bildeberg existen es tan público y notorio como que sus reuniones son ultrasecretas. Y las dudas sobre las intenciones que allí se persiguen han sido expresadas incluso en medios de comunicación oficiales y la ilegitimidad de ese secretismo es indudable en una sociedad que se dice democrática. ¿Cómo pueden un puñado de individuos e individuas decidir el destino del mundo a puerta cerrada?
Pues pueden. Sí, señor. Y sólo eso es tan terrorífico que no hacen falta lagartos mutantes, ni manos cornutas ni ídolos de búhos gigantes en el campo para alcanzar el techo del miedo y decidir que algo habrá que hacer aunque aún no sepamos qué.
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