viernes, 14 de octubre de 2016

´Bob Dylan, un Nobel en el ojo del huracán


Sí. Yo también me he sorprendido. Pero no porque le den el Nobel de Literatura a Bob Dylan sino a causa de las reacciones que eso ha provocado. Los argumentos que esgrimen los indignados (que ya podrían indignarse por otras cosas) no tienen ni pies ni cabeza. Es un cantante, dicen, no un escritor. Vamos a ver. Vayamos por partes. Para empezar, y por si algunos no lo saben, la poesía nació para ser cantada. Que los poetas de hoy no sepan cantar es otro asunto. Entre los más altos exponentes de la poesía solamente castellana, por poner un ejemplo, está el Romancero. Los romances se cantaban. Y entre los mejores poemas de nuestra lengua está el “Romance del Conde Arnaldos”. No lo digo yo. Lo dicen los críticos. Los romances eran anónimos. De acuerdo. Pero, aunque eso no tenga nada que ver ni los invalide como ejemplo, resulta que las composiciones de los trovadores medievales no son anónimas, tienen autores con nombres y apellidos. Por citar algunos, digamos Pierre Rogier de Mirepoix, Arnault Daniel o Guillem de Cabestany entre los poetas del midi francés; Friedrich von Hausen, Wolfram von Eschenbach o Friedrich von Sonnenburg entre los minnesängers germanos, Dante (sí, Dante Alighieri) en el “dolce stil nuovo» . Por no hablar de la lírica galaico portuguesa, con sus cantigas de amor, de amigo y de escarnio, entre otras, y con sus autores, muchos, de los que sólo nombraré dos de los más conocidos: Martín Codax y Don Denís. Pues bien. Todos estos eran cantantes (sí, cantantes, como Dylan). Y los que no cantaban, componían esos poemas y su música que después interpretaban otros. Y se les estudia en las historias de las literaturas, influyeron mucho en poetas posteriores (algunos de los cuales obtuvieron el premio Nobel) y dudo que ninguno de los que hoy se ríen de Bob Dylan y de la Academia Sueca les hubiera negado su derecho a tan señalado galardón, al cual, por otra parte, habría que ponerle muchos “peros” (y no precisamente que se lo hayan concedido a Dylan). Otra cuestión es que a los que critican no les guste Bob Dylan. Son muy libres. A mí tampoco me gusta el pesado de Echegaray y se lo dieron en 1904. Ni me gusta Cela ni Vargas Llosa. Y ahí se lo llevaron. Y Borges, que me parece el genio indiscutible del siglo XX, se murió sin alcanzarlo, por espurios, irrazonables e inconfesados motivos políticos.
Dylan es un magnífico poeta que canta sus poemas. Un gran poeta en la estela de los beatniks, Allen Ginsberg entre ellos, y de Walt Whitman. Un gran poeta que habría gustado, estoy seguro, al mismo Lorca. Compararlo con el Duo Dinámico, como ha hecho Luis Alberto de Cuenca, es absurdo. Sí. Eso ha hecho. He aquí: “De Cuenca, que ha insistido en que para él "el Nobel se ha terminado desde esta locura", ha dicho que es como si se entregara en España el Premio Nacional de Literatura al Dúo Dinámico”. Lo ha dicho en un programa de radio.
Otro, Alberto Olmos, ha escrito en “El Confidencial” (mientras ha aprovechado para aludir a una novela SUYA, mirusté): “Seguramente ya hay muchos escritores de todo el mundo celebrando la pizpireta elección del jurado sueco. Creo saber qué tipo de escritor es el que ha unido su voz al coro de las felicitaciones: un escritor que no lee”. Me pregunto de dónde saca esa conclusión.
Los que ironizan sobre el tema diciendo que por qué no le dan el Nobel de Literatura a Maradona no tienen ni idea. Ni siquiera han entendido las letras de Dylan. Estoy harto de ver gente que admiran y leen lo que les dicen que tienen que leer y admirar. Las librerías rebosan de novelas, ensayos y libros de poemas que tienen éxito porque así lo deciden las grandes editoriales. Prisa en España, por ejemplo. El personal se acuerda de un autor (o autora) cuando la autoridad decide que es momento de celebrarlo porque es su aniversario o por lo que sea. Por eso, esperad sólo un poco y veréis a muchos de los que berrean ahora sin saber nada, correr a las librerías a comprar “Tarántula” de Dylan reeditada o compilaciones de sus letras o sus discos en el cortinglé. O si no, al tiempo. Basta que los críticos, los periódicos y las televisiones de turno lo ordenen.
Si esta se lía porque el jodido Nobel se lo hayan concedido a un poeta que canta (igual de válido podría haber sido Leonard Cohen o, sí, Murakami, es verdad), si esta se lía por eso, digo, no quiero ni pensar lo que ocurriría si se lo dieran a poetas experimentales, visuales, como Joan Brossa, si viviera, Alfonso López Gradolí, Fernando Millán o José María Montells. O se lo hubiesen dado en su tiempo a Cirlot por su heterodoxo “Bronwyn”. El escándalo y los cacareos hubieran sido mayúsculos, peores si cabe.
Para los que nada saben de lo que Dylan escribe, dejo un par de ejemplos traducidos al español. El primero, de un humor ácido y negro, trata sobre lo que se nos viene encima:

Blues hablados de la tercera guerra mundial

Hace tiempo tuve un sueño desconcertante
Soñé que me había metido en la Tercera Guerra Mundial.
Al mismísimo día siguiente fui a ver al médico
Para ver qué me podía decir.
Me dijo que había sido un mal sueño.
De todas formas yo no estaba preocupado en absoluto.
Eran mis propios sueños y sólo existían en mi cabeza.

Dije yo: «Un momento nada más, doctor, me ha pasado una guerra mundial por la cabeza»
Dijo él: «Enfermera, coja su libreta; este chico está demente»
Me cogió por el brazo. Yo dije ¡ay!
Según aterrizaba en el diván del siquiatra.
Me dijo: «Cuéntamelo todo».

Bueno, pues todo empezó a las tres en punto de la madrugada,
Y al dar y cuarto ya había terminado.
Yo estaba en una alcantarilla con alguna amiguita,
Cuando decidí echar un vistazo por una tapadera
Para ver quién podía haber encendido las luces.
Me levanté a dar una vuelta
Y recorrí la ciudad vacía,
Me pregunté dónde podría ir,
Encendí un cigarrillo en un parquímetro
Y seguí carretera abajo.
Era un día normal.

Toqué el timbre de un refugio contra la lluvia radiactiva,
Asomé la cabeza y pegué un grito,
«Dadme una judía verde, soy un hombre hambriento».
Una escopeta disparó y yo salí huyendo.
No les culpo demasiado de todas formas,
El no me conocía.

En la esquina de abajo, junto a un puesto de perritos calientes,
Vi a un hombre, le dije: «Hola, tú, amigo»,
Y supongo que algo de aquello debía haber,
Gritó sólo un poquito y salió escapado.
Pensó que yo era un comunista.

Localicé a una moza y antes de que se pudiera ir,
Le dije: «Juguemos a Adán y Eva»
La cogí de la mano y tuve un ataque de palpitaciones,
Pero ella me dijo: «Sí, hombre, ¿estás loco o qué?»
«¿No has visto lo que pasó la última vez que empezaron?»

Vi la ventana de tu Cadillac allá en la ciudad.
No había nadie por allí.
Me senté al volante
Y tiré por la calle cuarenta y dos abajo
En mi Cadillac.
Buen coche ése para conducir después de una guerra.

Bueno, pues como recordaba haber visto algún anuncio,
Puse la emisora de emergencia
Pero no había pagado la factura,
Y aquello no funcionaba ni medio bien.
Puse en marcha mi tocadiscos,
Era Rock A Day y Johnny cantaba,
«Dile a tu Pa, dile a tu Ma,
Que nuestros amores van en aumento, Ooh-wah, Doh-wah .»

Me sentí así como solitario y triste,
Necesitaba hablar con alguien,
Así que llamé al reloj de la Telefónica
Aunque sólo fuera por oír a alguien.
«Al oír la tercera señal
Serán las tres en punto».
Lo estuvo diciendo durante más de una hora
Y luego colgué.

Bueno, pues el doctor me interrumpió como por aquí
Diciendo: «¡Eh! Yo también he estado soñando eso mismo últimamente»
«Pero mi sueño era algo distinto, verás
Yo soñaba que el único que quedaba después de la guerra era yo,
Y no te veía por allí».

El tiempo pasó y ahora parece
Que todo el mundo sueña lo mismo.
Todos se ven paseando por ahí y no ven a nadie más.
La mitad de la gente puede estar a medias en lo cierto continuamente
Unos cuantos pueden estar en lo cierto alguna vez,
Pero nadie puede estar en lo cierto todo el tiempo.
Me parece que esto lo dijo Abraham Lincoln.
Os dejaré aparecer en mis sueños si me dejáis que aparezca en los vuestros.
Esto lo he dicho yo.

Colección Visor de poesía 1972
Versión de Antonio Rasines

El segundo es un poema repleto de símbolos oscuros y de corte surrealista que fue polémico precisamente por su hermetismo y con cuya interpretación en un video por la que fue una de sus parejas, Joan Baez, pongo fin a este post:

Dama de los ojos tristes de las tierras bajas

Con tu boca de mercurio en la era de los misioneros.
Y tus ojos como de humo y tus rezos que parecen rimas,
Y tu cruz de plata, y tu voz de campanillas
¿Quién creen que podría enterrarte?
Con tu bolsillos por fin bien protegidos
Y tus visiones de tranvías que dejas sobre la hierba
Y tu piel de seda, y tu cara como el cristal
¿A quién crees que podrían convencer para que te llevara a cuestas?

Dama de los ojos tristes de las tierras bajas,
De donde dice el profeta de los ojos tristes que no viene nadie,
Mis ojos de almacén, mis tambores árabes
¿Debería tal vez dejarlos junto a la verja?
O, Dama de los ojos tristes, ¿debería acaso esperar?

Con tus sábanas como el metal y tu cinturón de encaje,
Y tu mazo de cartas sin la sota ni el as,
Y tus vestidos de sótano, y tu cara hueca,
¿Quién de ellos pudo pensar que podría adivinar lo que harías?
Con tu silueta cuando la luz del sol se va apagando
En tus ojos, donde nada la luz de la luna,
Y tus canciones de caja de cerillas y tus himnos gitanos,
¿Quién de ellos querría intentar impresionarte?

Dama de los ojos tristes de las tierras bajas,
De donde dice el profeta de los ojos tristes que no viene nadie,
Mis ojos de almacén, mis tambores árabes
¿Debería tal vez dejarlos junto a la verja?
O, Dama de los ojos tristes, ¿debería acaso esperar?

Los reyes de Tiro, con su lista de presos,
Esperan en fila sus besos de geranio.
Y tú no podías saber que ocurriría así
Pero, ¿quién de entre todos ellos desea realmente besarte?
Con las llamas de tu infancia en tu manta de medianoche.
Y tus modales a la española y las drogas de tu madre.
Y tu boca de vaquero, y tus elogios de toque de queda.
¿Quién de ellos crees que se te podría resistir?

Dama de los ojos tristes de las tierras bajas,
De donde dice el profeta de los ojos tristes que no viene nadie,
Mis ojos de almacén, mis tambores árabes
¿Debería tal vez dejarlos junto a la verja?
O, Dama de los ojos tristes, ¿debería acaso esperar?

Los granjeros y los negociantes decidieron entre todos
Enseñarte que lo que solían esconder eran los ángeles muertos.
Pero, ¿por qué tuvieron que elegirte a ti para que te pusieras de su lado?
¿Cómo pudieron equivocarse contigo de ese modo?
Hubieran querido que cargaras con las culpas de lo de la granja,
Pero con el mar a tus pies y la fingida falsa alarma,
Y con el hijo de un maleante recogido en tus brazos,
¿Cómo iban a poder convencerte?

Dama de los ojos tristes de las tierras bajas,
De donde dice el profeta de los ojos tristes que no viene nadie,
Mis ojos de almacén, mis tambores árabes
¿Debería tal vez dejarlos junto a la verja?
O, Dama de los ojos tristes, ¿debería acaso esperar?

Con tus recuerdos de la calle de los enlatadores como láminas de metal,
Y tu marido de revista que tenía que irse algún día,
Y tu delicadeza de ahora, que no puedes ocultar,
¿Quién de ellos crees que te daría empleo?
Ahora estás con tu ladrón, estás en su libertad bajo palabra
Con el medallón sagrado que acabas de doblar con tus propios dedos.
Y tu cara de santa, y tu alma de fantasma,
¿Quién de entre todos ellos pudo jamás pensar que te podrían destruir?

Dama de los ojos tristes de las tierras bajas,
De donde dice el profeta de los ojos tristes que no viene nadie,
Mis ojos de almacén, mis tambores árabes
¿Debería tal vez dejarlos junto a la verja?
O, Dama de los ojos tristes, ¿debería acaso esperar?

Colección Visor de poesía 1972
Versión de Antonio Rasines


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