domingo, 4 de diciembre de 2011

CUANDO LAS PROFECÍAS NO SON PREDICCIONES SINO PROGRAMAS


En los tiempos agitados y críticos que vivimos, las profecías, las teorías conspirativas, los “descubrimientos” sobre la extraña naturaleza de los que ejercen el poder, vuelan por la red de redes: predicciones mayas, de Nostradamus o de los indios hopis, Illuminattis y su antiguo plan para dominar el mundo junto a la pertenencia de ricos y poderosos a organizaciones de signo “satánico”, como el Bohemian Club o el Skulls and Bones y sus posibles relaciones con el Club Bildeberg, etc.
Mientras, los afectados por tales acusaciones guardan sospechosamente silencio y permiten que el ambiente se caldee, al mismo tiempo que estimulan una crisis mundial que está a un paso, efectívamente, de la catástrofe que todos los “conspiranóicos”, con uno u otro matiz, predicen.
Parece como si su silencio (el que calla asiente) fuse dirigido a atemorizar a las masas al mismo tiempo que desacreditan tales teorías. Algo así como el cuento de la buena pepita: “Yo no te digo ni que sí ni que no, sino que si quieres que te cuente el cuento de la buena pepita”.
Y entretanto, la crisis empeora día a día y en Oriente Medio (lugar en el que, según todas las anticipaciones paranóicas comenzará la tercera conflagración mundial que llevará a la institución de un Nuevo Orden Mundial) está a punto de encenderse una nueva hoguera. Que esta vez, en Irán, tiene todas las trazas (por la división de aliados y enemigos del país parejamente poderosos) de extenderse por casi todo el planeta.
Es decir, que todo eso de las profecías, los planes para establecer un gobierno mundial único dominado por los mercados (es decir, por los ricos), etc, pueden ser tonterías, cuentos de hadas, pero perfectamente planteados para engañar con la verdad.
Ojalá esté como una cabra yo y me equivoque y salgamos de esta y la humanidad, tras superar el bache, camine hacia un futuro mejor. Sería lo mejor para todos. Y cuando digo para todos digo para todos. Aunque algunos parecen no querer enterarse o padecen algún tipo de perversión congénita.
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