domingo, 4 de septiembre de 2011

CÍNICOS

Los cínicos (de la raíz griega κύων (perro) fueron, como todos sabemos, unos filósofos griegos que aparecen en la segunda mitad del siglo cuarto antes de Cristo. Su visión, más o menos, era que el ser humano ambiciona mucho más de lo que necesita y que de ahí vienen todos sus males. Por eso llevaban una vida simple y pobre y basaban la felicidad en su propio ser, subsistiendo con lo imprescindible. Para ellos, cuantas menos necesidades tuviese un ser humano, más feliz sería. Antístenes figura como el fundador de esta tendencia. Pero Diógenes de Sinope y sus excéntricas anécdotas es el más popular. Pondré aquí algunas de ellas, que muchos ya conocerán, para regocijarnos juntos.

Cuentan que paseaba Diógenes por el ágora, abarrotada de gente, hombres y mujeres, en pleno día, con una lámpara encendida en la mano. Alguien le preguntó:
-¿Qué buscas, Diógenes?
Y él respondió:
-Estoy buscando un hombre.
En otra ocasión, Alejandro Magno se paró delante del barril dentro del que vivía Diógenes. Y le dijo:
-Diógenes, soy Alejandro Magno. Y, por las cosas que me han contado de ti, soy un gran admirador tuyo. Pídeme lo que quieras y te lo concederé al momento.
-¿De verdad? –dijo Diógenes.
-Te lo prometo –respondió Alejandro.
-Pues lo que te pido –dijo Diógenes- es que te quites de en medio porque me estás tapando el sol.
Cuentan también que otra vez fue Diógenes a visitar a un amigo suyo muy rico. Llamó a las puertas de la mansión y desde dentro preguntó la voz de la criada:
-¿Quién es?
-Soy Diógenes.
En ese momento pudo oír que su amigo le susurraba a la  criada:
-Dile que no estoy.
-El señor no está –dijo la criada-. Ha salido.
Diógenes se marchó.
A los varios días, ese amigo fue a visitar a Diógenes al barril en el que vivía y asomándose a su borde gritó:
-¡Diógenes!
Diógenes respondió:
-No estoy.
-¿Cómo puedes decirme que no estás si me estás respondiendo tú?
-¡Vaya! ¿Así que yo me lo creí de tu criada cuando me dijo que no estabas y no lo crees tú de mí mismo?
Anécdotas aparte, el término cínico ha dado un vuelco desde entonces hasta ahora. Y el sentido con el que en la actualidad se utiliza y el significado que se le da no tienen nada que ver con los que contenían en el nacimiento de tan noble doctrina. Hoy un cínico es, según el DRAE, alguien que muestra cinismo. Y cinismo es, en la acepción más utilizada actualmente: “Desvergüenza en el mentir o en la defensa y práctica de acciones o doctrinas vituperables”.
Pondré un ejemplo. Hoy mismo he contemplado una escena bastante desagradable en un bar. Una discusión entre dos tipos. Uno de ellos, al que conozco de sobra, acusaba al otro:
-Tú eres un mentiroso de mierda y andas engañando y estafando siempre a todo el mundo.
Resulta que, por experiencias previas, yo sé que el acusador es el individuo más mentiroso y falso que hay encima de la tierra.
Eso es lo que se entiende por cinismo hoy, por ejemplo. Acusar a otros de defectos que tú procuras disimular o tener bien ocultos.
La cuestión es: ¿Cómo una palabra de origen tan noble ha podido llegar a adquirir un significado tan miserable?
Esa es pregunta casi para una tesis. O por lo menos, para un artículo bien sesudo. Y no estoy, en este momento, por la labor. Prefiero dedicar mis esfuerzos a otras cosas.
Sí os dejo, porque creo que viene a cuento, el enlace a una antigua entrada de mi blog.
Buenas noches.
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