domingo, 14 de agosto de 2011

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Pasan días sin que escriba nada en el blog, por pereza o porque no tengo nada que decir. Otras veces, sin embargo, puedo poner dos o tres post el mismo día. O borrar otro que ya había puesto, porque me parece malo, porque me parece inconveniente, porque lo escribí y lo posteé en un momento de furia. Eso es lo que tienen de bueno los blogs, que son seres proteicos. Pueden ir cambiándose y moldeándose al antojo de uno. No ocurre eso con el texto impreso. No sé donde leí una vez algo así como “Lo que está escrito queda escrito”. Aparte de que sobre eso, incluso en el caso del papel, habría mucho que discutir, en el mundo virtual desde luego no es cierto. Lo que se escribe queda escrito hasta que le da la gana al que lo escribió. Al menos, si lo hizo en su espacio. Y, a todo esto, ya no me acuerdo de cual iba a ser el tema de esta entrada. Tal vez los fallos de la memoria. No sé.
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