miércoles, 18 de mayo de 2011

OJO AVIZOR

Los movimientos iniciados por DRY, que ya empiezan a alcanzar una notable efervescencia, harán que se viertan ríos de tinta. Ya habrá por ahí más de un espabilado (dicho esto sin acritud) que comienza a pergeñar su análisis del fenómeno, su ensayo, su novela, para llegar antes que otros a los escaparates de las librerías. Y es que Democracia Real, reacción ciudadana que se veía venir tanto como son previsibles los gritos y protestas de dolor en la víctima de un cólico nefrítico, no se queda, como bien ha observado Gabilondo, en una simple pataleta que vaya a zarandear más o menos las elecciones municipales del día 22 M. La revuelta cuya mecha ha prendido DRY es de mucha más amplitud y calado y cuestiona las bases mismas del sistema. Y eso es lo que realmente les duele a los banqueros y a sus criados los políticos. Ahí radica su miedo. Porque saben que las movilizaciones que acaban de comenzar en España y que ya tienen hermanas gemelas en otras partes de Europa y del mundo y que seguirán proliferando, son de la misma importancia, si no más (yo creo que sí), que las que hicieron temblar el sistema en mayo del año 1968 y que pueden llegar a significar cambios tan profundos como los que implicaron la Revolución Francesa y las otras revoluciones burguesas. No digo que vayan a desembocar en la utopía anarquista de la democracia directa (eso es impensable antes de que cambie, más que la estructura del sistema, la naturaleza humana). Tampoco digo que las cosas se vayan a torcer (aunque hay que tener mucho cuidado con las infiltraciones y tentaciones diversas de iluminados y salvapatrias) y acabemos primero encandilados por el discurso y luego bajo la bota de un tirano fascista, como ocurrió en Alemania y en Italia a raíz del desastre económico que partió de Wall Street, impulsado por los de siempre, en el año 29. Espero que no. Creo que el género humano ha aprendido ya lo suficiente, si no como para vivir en una acracia fraternal, para saber qué tipo de gobiernos son completamente intolerables. Nada de esto, por tanto, creo que ocurra. Pero sí que se puede conseguir lo que en definitiva se persigue, acabar con el sinsentido en el que se ha convertido la economía y la política. Porque resulta que los políticos, que no deberían de ser sino administradores de la vida ciudadana, y nuestros empleados a sueldo por tanto (y con sueldos controlados por el pueblo), han pasado a ser jefes con poder omnímodo y los ciudadanos, que son los verdaderos jefes, sus esclavos. De los banqueros y grandes empresarios ni hablemos. Son solamente unos ladrones, vampiros disfrazados de respetables “hombres de negocios” que tienen, ellos sí, a su servicio a los políticos. Esto sí puede, y debe, cambiar. Esto sí se puede reconducir. Y no será chico cambio. Por lo pronto, nos sacará de la crisis y el paro que asfixian a la gente. Y, más allá de eso, conllevará una transformación de la mentalidad que acarreará otra serie de beneficios materiales y morales que, como las piezas de una fila de fichas de dominó, vayan empujándose, impulsándose unos a otros. Dicho esto, yo añadiría que jamás hay que bajar la guardia ni distraerse ni autocomplacerse en todo el proceso. Porque las infiltraciones, la corrupción, la provocación, el soborno, la manipulación… acechan siempre, dirigidos por los poderosos, para destruir, desvirtuar, anular lo conseguido. Ya ha ocurrido en muchas ocasiones a lo largo de la historia. Así que, sin perder la ilusión ni el ímpetu, es imprescindible el sentido crítico. Ojo avizor.
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