domingo, 15 de mayo de 2011

Manifestación de DEMOCRACIA REAL YA! el 15 de mayo en Huelva


Salí esta tarde desde El Rompido camino de Huelva para asistir a a la manifestación convocada por DEMOCRACIA REAL, YA! En la carretera, que da al mar, vi cientos de coches, más que aparcados apiñados, y al girar la mirada a la derecha, a miles de bañistas disfrutando de esta tarde espléndida de domingo. Eso está bien. ¿Pero no se han planteado, me dije, que hoy se inicia en toda España un movimiento mucho más importante y significativo que las elecciones pretendida y falsamente democráticas, destinado a reconducir el estado de cosas desastroso en el que nos encontramos? No. No parecían haberse enterado o no les importaba en absoluto o, tal vez, no les convenía.
Seguí conduciendo e intentando localizar en la radio alguna noticia que hablase sobre las concentraciones programadas. Inútilmente. Mañana hablarán de ello. Seguro. Cuando llegué a la capital onubense, conseguí aparcar, sin las dificultades habituales, y me fui andando hacia el lugar desde el que debía de partir la marcha. Vi en un barómetro público la temperatura a la que estábamos: 34º. Muy convencido había que estar para asistir al acto con este calor. Me dirigí, un tanto escéptico, al sitio. Cuando llegué, sobre las cinco y media de la tarde, no encontré a más de catorce jóvenes. Muy eufóricos, eso sí. Yo me vine abajo. A esa hora ya debería de haber, según mi criterio y la importancia del asunto, mucha más gente. Hice una foto, me recliné sobre un muro y esperé. Nada
sucedió. Los jóvenes seguían haciendo sonar sus silbatos entusiastas e ilusionados. Yo me dije: esto se ha ido al carajo. Pero, de pronto, allá como a las seis menos diez, como de la nada, empezó a aparecer gente. Gente de toda condición. Viejos, jóvenes, adultos, niños, parados, estudiantes, obreros, inmigrantes… Todo tipo de gente. Y a las seis, a las seis en punto de la tarde, una masa humana partió del Viejo Estadio de Fútbol camino de la Plaza de las Monjas. El recorrido fue pacífico y festivo pero combativo y


plagado de consignas: “Alebote, banquero el que no bote”, “Ya estamos cansaos de tanto aprovechao”, “No es una crisis, es una estafa” “El pueblo unido, gobierna sin partidos”, “Y luego diréis que somos cinco o seis”. Porque, efectivamente, no éramos cinco o seis sino en torno, poco más o menos, a mil personas. Personas, ya lo dije, de todos los perfiles. Hasta varios bebés y también un señor al que su condición física lo obligaba a ir en un carro de ruedas. También intelectuales y burgueses. Todos estaban allí representados.

También gente de diversos partidos políticos que, por supuesto, no sacaron a relucir su filiación, pues esa era una de las condiciones pactadas. Esta no fue una manifestación de políticos sino del pueblo, de ese demo que debe mandar, de la democracia, que empieza a expresarse en su verdadera esencia.


El recorrido fue, como ya digo, pacífico aunque exigente y combativo. En el camino se hicieron varias paradas, dos de ellas ante el Ayuntamiento y ante la sede del Gobierno Civil. Para exigirles y hasta para increparles, pues bien merecido se lo tienen. Ante el Ayuntamiento se celebró una sentada simbólica durante la que se gritaron lemas que deberían de servirles de advertencia a estos gobernantes.


La manifestación acabó, al fin, como estaba previsto, en la Plaza de las Monjas.
Creo que éste sólo es el principio. Pues, como han gritado en la manifa: “Si esto no se arregla, guerra, guerra, guerra. Si esto no se apaña, caña, caña, caña”.


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