domingo, 10 de abril de 2011

GUSANOS

En un libro en el que estoy apasionada y demoradamente inmerso actualmente, uno de los libros más interesantes que he leído en mi vida, que se centra sobre otro enigmático libro, y que promete relanzarte hacia nuevas investigaciones que transcurren por enigmáticos jardines, la autora, Emanuela Kretzulesco-Quaranta, define en un momento dado al ser humano moderno como “hombre tubo digestivo”. La denominación me arrancó una risa y un aplauso inmediato. Pues no puede ser más exacta. Y me retrotrajo a otro trozo de otro libro, ese del autor underground Alan Watts, en el que se refiere a los seres vivos, y a los humanos en particular, como a tubos que tragan cosas por un agujero superior, las expulsan por un agujero inferior, se adhieren unos a otros, lo que da lugar a otros tubos, y se agreden entre ellos. “El libro del tabú”, una colisión productiva y con lenguaje actualizado, entre las ideas del Vedanta y la sociedad occidental, lo podéis bajar de aquí. Espero que la ley Sinde (cencia) no me cierre el blog por esto.
Hombre tubo digestivo. Pues sí. Daos un paseo por bares, restaurantes, cafeterías. En plena crisis, ¿cómo están? Repletos de gente traga y traga y bebe y bebe. Asistid a algún acontecimiento cultural de vuestra ciudad. Una lectura de poemas, una conferencia, un taller de creación, una exposición, una cita para hablar de las estrellas que se apagan en el agua… ¿Cuántas personas hay? Veinte ya es mucho. Diez es un éxito. Lo usual son cinco o tres o una…
Podría extenderme en consideraciones moralizantes. Pero no. ¡Qué barbaridad! Nadie tiene derecho, sobre todo en una sociedad democrática, a negarnos la libertad de ser, si nos da la gana y sólo eso, gusanos que comen y defecan. Y procrean. Y pelean. Pero gusanos.
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