jueves, 3 de febrero de 2011

La noche del cazador

Una de las películas que más me han gustado, con gran diferencia, es The night of the hunter, La noche del cazador, la única dirigida por Charles Laughton, el excepcional actor de Testigo de cargo. Y, dentro de ella, aunque todo el film es un magnífico alarde de dramatismo (inolvidable la interpretación de Robert Mitchum), sensibilidad y técnica cinematográfica, la escena de los niños en el río forma parte, ya para siempre, de mi imaginario personal y no creo exagerar si afirmo que también de las secuencias cumbre del séptimo arte.
En medio de una noche impregnada de onirismo, John y Pearl huyen del malvado predicador en un bote que surca las aguas bajo un extraño cielo estrellado. Desde la orilla contemplan su paso, en primer plano, animales constituidos en símbolos: una araña, un sapo, dos conejos, un búho, una tortuga… Todo es inquietante e intensamente poético. Las canciones van hilando y subrayando la narración. Desde la melancólica y alusiva tonada de la niña,
Once upon a time there was a pretty fly
He had a pretty wife this pretty fly
But one day she flew away
Flew away
She had two pretty children
But one night these two pretty children
Flew away, flew away
Into the sky, into the moon,   
hasta la que canta una mujer tras la jaula del pájaro o la que, lejana, triste, terrorífica, anuncia al alba la presencia del perseguidor. Belleza, misterio, magia, poesía. Una cinta imprescindible que convirtió a su artífice, ella sola, en uno de los más geniales (si no el que más) directores norteamericanos.  

Publicar un comentario