martes, 17 de agosto de 2010

GRIAL




Hace tiempo que no pongo ningún nuevo post. Y como hay que alimentar el Blog, se me ha ocurrido pegar algún texto mío antiguo. Este pertenece a una serie sobre caballerías que hice hace ya mucho tiempo, cuando rondaba los veinte años y estudiaba mi carrera de Letras. Dice:

Sobre campos de plata, lejanías manchadas de presagios. Baja la celada, distante el pensamiento, a galope tendido, restallan las luces primeras en las piedras blancas. ¿Qué sueño despertó al caballero en la alborada y turbó su descansó y dirigió su ánimo hacia un camino urgente? De mármol todo el cuerpo sobre el corcel, ardiente el corazón, medita la indudable verdad de las premoniciones, indaga inútilmente su naturaleza, mientras desespera en el tiempo impuesto y las limitaciones que inevitablemente paga la belleza de su estampa cabalgando sobre aquel infinito desierto de cal. Piensa que la blancura descendió de otro sitio que los demás colores. Aquí es donde detiene su caballo en la mañana: Se ha cumplido el destino: Ha alcanzado la meta señalada por los sueños: Allí, sobre una roca blanca, un conejito blanco come los rojos pétalos de una rosa.

(Pausa. Adaggio. El paisaje deviene un inmenso salón de diorita)

El caballero está sentado. Un viento claro recorre sus nervios. Su mirada revela una inamovible certeza acerca de las antiguas posibilidades. Reconsidera, lejos ya de su primer asombro: no hubo mentira en las palabras perdidas; pero la ciencia de la interpretación había sido aplicada erróneamente. Reencontrar aquella estela a popa: Cuando los signos escritos eran parte del tiempo habitado: Sobre un bajel rumoroso: Cuando las palabras mar y nubes y la marea baja significaban. Sobre su caballo parado en la marisma avista una presencia navegando la ría. "Cabalgaba el Conde Arnaldos/ mañanita de San Juan..."

(Pausa. Adaggio. El corazón del caballero se convierte en un poema sin signos)

"...Yo no digo mi canción/ sino a quien conmigo va". Saber que las antiguas profecías, el tiempo dormido, viaja en ese barco; todos aquellos de la edad que perdió; también miríadas de avatares interiores, suaves aludes y su sensación, quizá nunca sucedidos pero ciertos; en aquel barco inalcanzable su destino perdido en el pasado. "...sino a quien conmigo va".

(Pausa. Adaggio. El corazón del caballero. Lágrimas.)

Firme en la inmensidad salobre del estero, contempla, invadido por altos sentimientos de nostalgia, el inasible Grial viajando en ese barco que se pierde en la tarde sobre el agua entre marismas, almendros y lejanías rosas.

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