miércoles, 19 de mayo de 2010

¿Por qué un Blog?

Esta es la primera entrada de mi blog, aunque más que blog a mí me gusta llamarlo bitácora. Y, si bien es preciso no tomar la bitácora por la bitácora (ya Cortázar advertía que no había que confundir el pie con el pie), también es necesario no olvidar la primera bitácora, que es la que aporta las connotaciones aventureras y poéticas a la segunda y a la cosa en sí (no me refiero al noúmenos sino al asunto que nos traemos entre manos).
La razón por la que he hecho un blog es que me he enterado de que cualquier escritor que se precie hoy día debe de tener uno. Quiero dejar claro antes de proseguir que me autodenomino escritor por exclusión. No soy arquitecto ni médico ni obrero ni cura ni pintor ni cineasta ni ingeniero ni ninguna otra cosa. Escribo de vez en cuando. Luego soy escritor. El silogismo es, he de admitirlo, tremendamente chapucero. Pero es que tampoco soy filósofo. Podría decir que no soy nada, que es bastante más sublime que ser escritor (escritores hay más en la actualidad en cualquier pueblecito que psicólogos en la Argentina). Pero eso reviste tal exquisitez y requiere tan estratosféricas alturas metafísicas, que está a todas luces fuera de mi alcance. Otro excurso: desestimo las protestas de los que podrían aducir que sencillamente soy persona o profesor jubilado. Por dos motivos: lo de que soy persona (prosopos, máscara) cada vez lo tengo menos claro (ser persona ya es un grado que no todo el mundo se merece y la autocrítica es una práctica saludable que sí debería practicar todo el mundo) y profesor jamás fui; me hacía pasar por tal, como muchos otros, que es diferente. Así que soy escritor, qué le vamos a hacer. Y un escritor, queda dicho, ha de tener su bitácora. Cierto que un escritor como Dios manda no hace su propia bitácora. Ni muchísimo menos. Un escritor escritor ni se autoedita, por supuesto, ni monta su blog. En el mejor de los casos, deja una notita allí de vez en cuando con un gesto de desgana y displicencia. Un escritor de verdad que se ocupase de esas cosas sería como un rico que limpiara él mismo su propia casa o cambiara el aceite de su coche. Un escritor chipén que se respete preferirá no tener bitácora antes que llegar a la humillación de hacérsela él mismo. De modo que, en punto de blogs, podemos clasificar a los escritores en tres categorías: a) Los escritores sin el más mínimo género de dudas, cuyos blogs están a cargo de sus editoriales o sus clubs de fans. b) Los escritores que lo son, sí, claro, pero que aún no han llegado a la categoría anterior y c) Los que nunca llegarán, por descontado, a ser escritores a), ni siquiera b), pero les gusta eso de ser escritores y no les da pudor lo de hacer su propio blog y que, incluso, dado el caso, serían capaces de presentarse a un concurso televisivo sin temor al desdoro.
Bien. Obvio entonces, creo, dónde se me debería ubicar y especificada la razón por la que inicio esta bitácora, queda por aclarar (más bien aclararme a mí mismo) algo que, sin ser fundamental, no deja de tener una cierta importancia ¿Cuáles serán sus contenidos? Respuesta: no lo sé. Por ahora.
Mañana, más.
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